lunes, 14 de mayo de 2012

Enrique Alfaro, el 2 de julio

Para evitar la dispersión, Enrique Alfaro tendrá que distanciarse del discurso ciudadano y abrazar una estructura política capaz de darle dirección a la mezcla de grupos al interior de su proyecto No creo que sea suficiente para que se levante como el ganador de la contienda, pero ante el desfonde del Partido Acción Nacional, Enrique Alfaro seguramente se colará a una impensada segunda posición para la izquierda de Movimiento Ciudadano. Si el efecto Enrique Alfaro sigue con fuerza en la opinión pública y logra posicionar los temas en la agenda pública, el ex alcalde de Tlajomulco tiene amplias posibilidades de terminar la contienda entre 25 y 30% de la votación. Es una fuerza política nada despreciable. Sin embargo, ¿qué significa esta fuerza? ¿Será Alfaro el nuevo símbolo de la izquierda a nivel estatal? ¿Construirá un partido o seguirá con la inercia de una estructura más similar a un movimiento? ¿Podrá cohesionar a la decena de grupos políticos que se integraron ante la cerrazón en otros partidos? La realidad es que hay una alta posibilidad de que la candidatura de Enrique Alfaro no sea capaz de reflejar la totalidad de su popularidad en el legislativo y los municipios. La debilidad de su partido político, Movimiento Ciudadano, así como la poca estructura en algunas zonas del interior del Estado, puede devenir en un diferencial muy alto entre su porcentaje como contendiente a la gubernatura y lo que al final pueda arrastrar la marca partidista. Dante Delgado, presidente del MC, está colgado de Alfaro para mantener el registro en 2012, sin embargo el instituto político es sumamente débil y con baja presencia regional. Enrique Alfaro se enfrenta a un difícil escenario postelectoral. Habrá cosechado amplios niveles de popularidad, sobre todo en el área metropolitana, pero sin la posibilidad de llenar esas expectativas con una estructura burocrática y partidista que subsuma a las expresiones que se unieron a sus ambiciones políticas. Grupos que llegaron del PRI, PRD, PVEM y hasta del PAN, no contarán con el cobijo institucional que suele proveer un partido político. Alfaro está en condiciones de ganar Tlajomulco, conquistar tres o cuatro plurinominales (tal vez llevarse de mayoría el distrito 7 y disputar el repechaje), competir en Puerto Vallarta y consolidar su fuerza en distritos metropolitanos como el 8. Sin embargo, esta cosecha no resulta suficiente para mantener su fuerza electoral de cara a 2015. El dilema es claro: para consolidar la colecta electoral de 2012, Alfaro tendrá que dejar su discurso ciudadano y prefigurar una base partidista que oriente los esfuerzos dispersos para la elección intermedia. Alfaro tendrá que tejer fino y evitar que los amarres que construyeron su candidatura, se desmoronen ante a incertidumbre política

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